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¿Has pensado alguna vez cuantas historias se esconden tras un retrato? Pues ésas son las que componen lo que llamamos "Historia".

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  • 06/26/15--10:12: Cita de la Semana


  • "La dictadura es 'cierra el pico' y la democracia es 'sigue hablando'."

    Frase de: Jean Louis Barrault (1910-1994), actor, director y mimo.


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    DIEZ RAZONES POR LAS QUE ESPAÑA NO ES UNA DEMOCRACIA
     
     

    1. La Jefatura de Estado la impuso la dictadura franquista
    El franquismo fue un régimen a todas luces ilegal, porque surgió de un golpe de Estado contra la República Legalmente constituida en democracia. El príncipe Juan Carlos, tras jurar lealtad al genocida Franco y a las leyes franquistas, sería designado por el dictador como su sucesor.
     
     
     


    2. La Jefatura de Estado no es electa 
    La monarquía es vitalicia y se hereda de padres a hijos como si fuera un cortijo de ferias, por lo tanto tiene un caracter profundamente antidemocrático, además de tener una total opacidad y descontrol de las cuentas que le asigna el estado para su mantenimiento. Tras la abdicación del rey Juan Carlos, en apenas 15 días, se realizó una 'Coronación Expres' de Felipe VI pactada por el bipartidismo y sin contar con la aprobación del pueblo.
     
     
     

    3. Las cuentas del Estado las lleva Alemania. 
    El gobierno no consulta al pueblo las decisiones importantes mediante referéndum y sigue las directrices económicas que marca Angela Merkel desde Bruselas. Se habla incluso de que España es una provincia de Alemania. 
     
     
     

    4. La justicia no es igual para todos. 
    El poder judicial es partidista porque lo eligen los partidos políticos. Carece de independencia y permite que la figura del rey sea inviolable. La justicia da privilegios e indulta a los grandes ladrones, lo que genera desigualdades y crea ciudadanos de primera, segunda y tercera. 

    Respecto a los Derechos Humanos, España es el segundo país del mundo tras Camboya en número de desaparecidos con más de 140.000 personas cuyos restos no han sido recuperados ni identificados. La apología del franquismo es legal y la Ley de Amnistía de 1977 impide juzgar a los criminales franquistas.
     
     
     

    5. La soberanía nacional no reside en el pueblo.
    La democracia se limita a votar cada 4 años a algunos representantes políticos. Lo que se significa como una carta en blanco para que los políticos maniobren a su antojo, sin que el ciudadano tenga herramientas útiles (Referéndum vinculantes, ILP's sin la correspondiente censura del congreso y senado) para poder cambiar las negligencias políticas.
     
     
     

    6. Recorte de libertades. 
    La ley mordaza aprobada recientemente por el gobierno, es una vulneración total de las libertades esenciales en democracia como son la libre expresión, la información o el derecho a manifestarse. Lo que da pie a la criminalización de la protesta social. Otro claro ejemplo es la limitación del derecho a decidir de las mujeres sobre el aborto. 
     
     
     

    7. La Constitución es papel mojado 
    La Constitución de 1978 es el documento oficial que más artículos incumple, se ha convertido en un papel mojado, incapaz de garantizar los derechos ciudadanos elementales: salud y educación públicas, derecho a techo, salarios o pensiones dignas. Además de ser un documento cerrado, que da privilegios a la monarquía que nadie eligió por referéndum y que vino impuesta por la dictadura anterior. 

    8. El sistema electoral es fraudulento. 
    El reparto de los votos es desproporcionado, los grandes partidos están sobrerepresentados, es decir, tienen más diputados de los que les corresponden, todo a costa de los partidos minoritarios, lo que facilita un bipartidismo político. Las reglas del juego no son iguales para todos, es como jugar una partida con las "cartas marcadas". 
     
     
     

    9. La Corrupción se ha institucionalizado 
    En España no dimite nadie por corrupto. En muchos casos hemos visto que en las listas electorales participaban políticos imputados en múltiples casos de corrupción. Por si esto fuera poco, la corrupción ha salpicado a la monarquía. 

    10. Las Listas electorales son cerradas 
    Los votantes no tienen la opción de elegir a un representante, sino que tienen que elegir una lista cerrada de representantes. Esto no sucedía durante la II República donde las listas eran abiertas. Por otra parte, los diputados y senadores están sometidos a la disciplina de partido, sin tener en muchos casos libertad de voto.

    Luis Egea



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  • 07/03/15--10:44: Cita de la Semana


  • "La única garantía de establecer una paz duradera entre dos Estados es la impotencia recíproca para perjudicarse."

    Frase de: François Gaston de Lévis, 1er. Duque de Lévis, Mariscal de Francia (1719-1787).


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  • 07/25/15--11:41: Cita de la Semana


  • "Hay un lugar del que es casi imposible regresar, y es del ridículo."

    Frase de: François VI, IIº Duque de La Rochefoucauld (1613-1680), militar, cortesano, escritor y moralista.


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  • 07/25/15--11:47: Cita de la Semana


  • "Hereje no es el que arde en la hoguera. Hereje es el que la enciende."

    Frase de: William Shakespeare (1564-1616), dramaturgo y poeta.


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    Carta abierta a Felipe VI
     
     

    Estimado señor: en 1716, un antepasado suyo, Felipe V, abolió de un plumazo los derechos y libertades catalanas tras someter Barcelona mediante conquista militar. Trescientos años después quiere el destino que venga usted a impedir que los recuperen.

    Acaba usted de espetar un discurso a un gobernante democrático, elegido por las urnas, como usted no lo ha sido, cuyo contenido esencial reside en recordar la necesidad de respeto al principio de supremacía de la ley, sin el cual, no es posible la sociedad civilizada.

    ¿Con qué autoridad dice usted eso a un presidente que, como él mismo señaló en una entrevista posterior, nunca se ha saltado la ley? Contestemos a esta fastidiosa pregunta.

    Su autoridad personal en la materia que, a fuer de republicano, este blog no reconoce, es inexistente. Su poder viene directamente de la designación de un militar golpista, un delincuente perjuro que se alzó contra su gobierno y usted no ha tenido el coraje ni la gallardía de refrendarlo mediante una consulta a la ciudadanía, un referéndum en el que esta decida si quiere seguir con la monarquía o prefiere la República, el último régimen legítimo que hubo en España, pues el suyo no lo es.
    Usted carece de autoridad pero se hace eco de la del gobierno español, ese sí, elegido por sufragio universal. Es este quien ha enviado a usted a Cataluña a recitar el catón elemental del Estado de derecho: el respeto a la ley, que a todos nos obliga, incluidos los gobernantes.

    En términos abstractos esto es cierto. En términos concretos, aquí y ahora, en España, no solo no lo es, sino que es una burla. El gobierno que exige a Mas el cumplimiento de la ley, la cambia a su antojo, unilateralmente, sin consenso alguno, valiéndose de su rodillo parlamentario cuando le conviene, de forma que esa ley ya no es una norma de razón universal, general y abstracta que atienda al bien común, sino un dictado de los caprichos del gobierno del PP que, como sabe usted perfectamente, es el más corrupto, arbitrario e incompetente de la segunda restauración. Un solo ejemplo lo aclara: el mismo día que el presidente de ese gobierno, un hombre sin crédito ni autoridad algunos, sospechoso de haber estado cobrando sobresueldos de procedencia dudosa durante años, denuncia que los soberanistas catalanes intentan "cambiar las reglas del juego" al desobedecer la ley, sus acólitos presentaban un proyecto de ley de reforma del sistema electoral español para cambiar las reglas de juego a tres meses de unas elecciones. Y nadie en España, ni un medio de comunicación, ni un publicista ha denunciado esta arbitrariedad, esta ley del embudo.

    Ciertamente, los gobernantes dicen que, si a los catalanistas no les gusta la ley, pueden cambiarla, pero legalmente, como han hecho ellos. No tengo a usted por una lumbrera, pero imagino que no se le escapará la impúdica hipocresía de este razonamiento pues los catalanes jamás serán mayoría en cuanto catalanes en España y, por tanto, no pueden materialmente cambiar la ley y están condenados a vivir bajo la que la mayoría les impone. Siempre. Por si no lo sabe usted, eso se llama "tiranía de la mayoría" y es tan odiosa como la de la minoría.

    No, señor, el asunto ya no es de respeto a la ley. El asunto es de legitimidad, o sea mucho más profundo y antiguo. Pero, por no abusar de su paciencia, se lo expondré a usted en tres sencillos pasos a imitación de la triada dialéctica hegeliana que sirve para explicar la evolución de la realidad, pero también su involución.

    Primero vino una guerra civil y cuarenta años de dictadura que forjaron una realidad española en la que se mezclaban los sueños de fanfarrias imperiales con los harapos de un país tercermundista, gobernado por los militares y los curas, como siempre. Fascismo, nacionalcatolicismo, centralismo, ignorancia, represión y robo sistemático. Fue la tesis.

    Luego llegó la transición, la negación de la tesis, la antítesis. España se convertía en una democracia homologable con el resto de los europeas. Se negaba la dictadura. El Estado se descentralizaba y devolvía libertades a los territorios, se promulgaba una Constitución que consagraba la separación de la Iglesia y el Estado y propugnaba un Estado social y democrático de derecho. Y se acariciaba la ilusión de que era posible una continuidad normal del Estado, por encima de los avatares históricos.
    Por último llegó la negación de la antítesis, la negación de la negación, la síntesis. Con el triunfo aplastante del PP en 2011, volvió el espíritu de la dictadura, el gobierno de los curas (o de sus sectarios del Opus Dei), el nacionalcatolicismo. Se conservó la cáscara de la Constitución, pero se la vació de contenido con la ayuda del principal partido de la oposición, cómplice en esta involución y se procedió a recentralizar el país, atacando el régimen autonómico y burlando las expectativas catalanas, de forma que su estatuto carece de contenido. De nuevo con la ayuda del PSOE y la diligente colaboración de todas las instituciones del Estado. La que más se ha usado ha sido un Tribunal Constitucional carente de todo prestigio y autoridad moral por estar plagado de magistrados al servicio del gobierno o sectarios del Opus Dei, con su presidente a la cabeza, militante y cotizante del PP.

    Así están hoy las cosas en España, señor mío. Un gobierno de neofranquistas y nacionalcatólicos, empeñados en imponer sus convicciones como ley de la colectividad, corroído por la corrupción, basado en un partido al que algún juez considera una asociación de delincuentes. Un gobierno que ha provocado una involución sin precedentes, una quiebra social profunda (lea usted las estadísticas de pobreza, las de paro, las de productividad, las verdaderas, no las que fabrica esta manga de embusteros) y una quiebra territorial mucho más profunda, que él mismo reconoce de una gravedad extrema y de la que es el único responsable por su incompetencia, autoritarismo y corrupción.
    ¿Cree usted que ese gobierno tiene autoridad para hablar de la ley? ¿La tiene usted?
    No le extrañe que los catalanes quieran liberarse de esta tiranía personificada en estúpidos provocadores como ese que quiere "españolizar a los niños catalanes". Muchos otros, si pudiéramos, haríamos lo mismo. No quieren, no queremos, vivir otra vez el franquismo.

    Y usted, le guste o no, lo representa.

    Ramón Cotarelo.

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  • 07/28/15--15:11: Cita de la Semana


  • "El mundo pertenece a aquellos que no tienen hora fija para las comidas."

    Frase de: Anne Jules de Noailles, IIº Duque de Noailles, Mariscal & Par de Francia (1650-1708), militar y cortesano.


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  • 08/11/15--10:23: Cita de la Semana


  • "Dadme seis líneas escritas por la mano del hombre más honesto y encontraré algo para mandarlo ahorcar."

    Frase de: Cardenal Armand-Jean du Plessis de Richelieu, 1er. Duque de Richelieu & Par de Francia (1585-1642), Primer Ministro de Francia.


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    JUAN CARLOS I
    un retrato descarnado
     
     
     
    En su filípica a las Fuerzas mal Armadas (según confesión de Pedro Morenés, ministro del ramo) y la Guardia Civil (que a pesar de su nombre es un estamento militar, porque en este reino todo lo oficial es falso), con motivo de la celebración de la pascua militar, su majestad el rey católico nuestro señor Felipe VI tuvo un recuerdo para su padre, el abdicado rey Juan Carlos I, que en su opinión reinó “siempre con el objetivo de prestar el mejor servicio a España. A él le dedico en este día el homenaje de gratitud y respeto que merece de todos nosotros”. Parece que Felipe es un buen hijo, pero o bien ignora las tropelías cometidas por su padre, o mal tiene una cara dura de cemento borbónico, por atreverse a decirnos esas palabras a quienes hemos sufrido su corrupto reinado.
     
       Ya en su primera filípica al ser proclamado rey, el 19 de junio de 2014, mientras sus matones nos apaleaban a los que intentábamos exhibir calladamente una bandera tricolor en la calle, tuvo la osadía de decirnos entre balbuceos: “Quiero rendir un homenaje de gratitud y respeto hacia mi padre, el rey Juan Carlos I. Un reinado excepcional pasa hoy a formar parte de nuestra historia con un legado político extraordinario.” Cierto que fue extraordinario, pero por su inmensa corrupción. Y si con esos homenajes quiere indicarnos que va a seguir su ejemplo, tenemos que hacer las maletas para exiliarnos, a no ser que le hagamos exiliarse a él, que no sería el primer Borbón en largarse a toda máquina, de tren o de barco.
     
       Un historial de esos envilecidos 36 años ha sido parcialmente resumido por Iñaki Errazkin en su último libro, Juan Carlos, un rey con antecedentes, que acaba de publicar Akal en Madrid, con 94 páginas. Muy pocas para todo lo que se puede contar de este escandaloso reinado, pero constituyen un memorial vomitivo de las tropelías perpetradas con total impunidad por el abdicado, como financiero, como putañero y como cazador, sus aficiones favoritas, a las que se dedicó alegando que en eso consiste reinar según su manera de entender el oficio.
     
    Cómo nos ha borboneado
     
       No es una obra de investigación, sino de recopilación. El autor ha consultado libros, revistas, diarios y blogs en los que se revelan aspectos impropios de un jefe de Estado, protagonizados por el abdicado rey de España, antes de transferir sus poderes ilegítimos a su hijo pequeño. Un buen chico que le ha consentido reinar todo el tiempo que quiso, a diferencia de lo que él hizo con su padre, a quien arrolló en su carrera por alcanzar el trono, y solamente le permitió reinar después de morir. Tal vez fuera su venganza por haberle entregado al dictadorísimo cuando solamente tenía diez años, con el propósito de que lo educara a su imagen y semejanza. Así salió él de espabilado.
     
       El breve libro no es una biografía, aunque recuerda los datos esenciales en la vida borbónicamente regalada del designado sucesor a título de rey por el dictadorísimo, una vez que le juró lealtad a su exigua persona y fidelidad a sus leyes genocidas. El propósito de Errazkin ha consistido en reunir documentos demostrativos de los desmanes cometidos por el abdicado, que sigue reinando y goza de todos los privilegios aforados, con los que se convierte en irresponsable ante la justicia administrada en nombre del rey.
     
       La lectura de estas páginas provoca indignación. Es un recopilatorio abreviado de los chanchullos económicos que han convertido al abdicado en uno de los ricachones más potentes del mundo. Su padre, Juan, vivió a costa de los llamados nobles, que lo mantuvieron toda la vida para que no necesitara pegar golpe, y lo sostuvieron hasta el final, hasta pagar los gastos derivados de su internamiento en la clínica donde murió.
     
       Los italianos llaman il dolce far niente a esa vidorra sin tener que molestarse en hacer nada para ganarse el pan de cada día. Y encima los borbones comen mucho más que pan, viven en continuo festín a costa del pueblo. La verdad es que no se les puede censurar por ello, puesto que el pueblo lo aguanta. A quien hay que criticar es al pueblo consentidor.
     
       Cualquier vasallo de su majestad católica con un historial semejante al del abdicado, estaría condenado a tres mil años y un día de prisión mayor, por lo menos. Pero no se debe equiparar a los amos y a los siervos. Los amos cuentan con magistrados, fiscales, militares y policías a su servicio, todos ellos enemigos del pueblo al que muchos pertenecen. Los siervos tenemos la obligación de pagar impuestos y callar. O hacer la revolución.
     
    Autor de 1.051 delitos comunes
     
       Cita el autor a Ramón Francisco Arnáu de la Nuez, antiguo agente del CESID (Centro Superior de Información de la Defensa, transformado desde 2002 en el Centro Nacional de Inteligencia, nombre adoptado para camuflar el espionaje, a semejanza de la criminal CIA gringa). En la actualidad se encuentra incomunicado en una mazmorra especial de la cárcel de Segovia, probablemente sujeto a la pared con argollas de hierro y alimentado solamente con pan y agua, como en la Edad Media. Nadie puede comprobarlo, porque está incomunicado. Pese a ello, se las ingenia para enviar mensajes a familiares y amigos, que los colocan en la red electrónica.
     
       Su expediente consta de 12.000 folios inculpatorios. Su delito es haber imitado a Zola, y lanzar un “¡Yo acuso!” contra el abdicado, tras haber ido investigando sus descomunales hazañas financieras, eróticas y golpistas. Lo acusa de haber cometido 1.051 delitos comunes. Y lo peor de todo es que los documenta. Un tipo meticuloso y detallista, que sería de gran utilidad en una democracia, pero aquí está considerado un peligro público al que es preciso encerrar. Como escribía el anónimo autor del Cantar de Mio Cid, otra víctima de la crueldad real en su tiempo, “¡Dios, qué buen vasallo si hubiese buen señor!” Lamentablemente, en la historia de España no hay ni ha habido nunca buenos señores. Ni los habrá en la monarquía.
     
       Lo que no debemos tolerar es que el Libro Guinness de los records no incluya al abdicado como el mayor delincuente con más delitos en su historial. Se comprende porque se elabora en la pérfida Albión, como decía el dictadorísimo, en donde no perdonan que unos palurdos españoles le quitaran el brazo derecho a Nelson en la batalla de Santa Cruz de Tenerife, cuando intentaba colonizar las islas Canarias.
     
    El hombre que sabe demasiado
     
       Arnáu de la Nuez es canario, nacido el 20 de octubre de 1963 en Las Palmas. Acosado porque sabía demasiado, solicitó asilo político en Lisboa, pero fue entregado a los esbirros borbónicos. Según cuenta en los informes remitidos a las instancias judiciales y políticas del reino (¡qué ganas de perder el tiempo!), el abdicado lleva 25 años cobrando comisiones por los barriles de crudo que el reino fascista de España compra al reino dictatorial de Arabia Saudita, y como intermediario de negocios se embolsó 3.800 millones de euros por bendecir la privatización de Repsol--YPF; otros 1.040 millones de dólares por la OPA de LUKoil, más 2.000 millones de pesetas que le entregó el financiero filibustero opusdeyero Javier de la Rosa de su chiringuito con KIO; por cierto: su hija menor, Gabriela, fue la amante oficial durante una temporada de Juan Gómez--Acebo y de Borbón, hijo mayor de Pilar de Borbón, hermana mayor del abdicado, así que todo queda en la familia, La relación de cobros improcedentes resulta mucho más amplia y larga, por lo que es preferible finalizarla aquí y ahora.
     
       Según Arnáu, el abdicado se sirve de La Caixa para blanquear su fortuna y colocarla a buen recaudo fuera de su reino. El superpresidente de las entidades del grupo La Caixa es su amigote Isidre Fainé, el que tiene empleada a la infame Cristina de Borbón en una sinecura en Ginebra, para que cobre mucho sin hacer nada, según la costumbre borbónica tradicional de la dinastía, desde aquel Felipe V que llegó a España montado sobre una guerra que destruyó a las gentes y a las tierras.
     
       No obstante, Fainé debiera ser más cauto, puesto que los amigotes del abdicado suelen terminar en la cárcel, un lugar al que no pueden ir a residir los miembros de la llamada familia irreal, debido a su inmunidad para jueces y fiscales servilones, pero del que no se libran sus compinches cuando dejan de serle útiles. Los borbones son así, como demuestra la historia.
     
       En Google puede encontrarse una variada información acerca de Francisco Ramón Arnáu de la Nuez, que merece la pena leer detenidamente.
     
    El moro amigo
     
       Es comprensible, pues, que el abdicado posea una de las mayores fortunas del mundo. Es una hormiguita hacendosa para acumular pasta, y eso que al ser proclamado rey como sucesor de su padrino político el dictadorísimo no tenía en dónde caerse muerto. Pero era un vivo, mejor todavía, un vivales, así que empezó su reinado pidiendo limosna a moros y cristianos, “para el fortalecimiento de la monarquía”. Es conocida la desvergonzada carta que envió al entonces sha de Persia, proponiéndole que le regalase diez millones de dólares, calderilla para el tirano que ya tenía los días contados.
     
       La carta está reproducida en el libro de Jesús Cacho El negocio de la libertad (Madrid, Akal--Foca, 1999), muy bien documentado, tanto que el abdicado ha prometido “dar dos hostias” al autor si se le pone delante, según le oyó decir David Rocasolano, el primo preferido de la Leti, y así lo cuenta en el libro dedicado a la actual reina,Adiós, Princesa (Madrid, Akal--Foca, 2013).  Es de suponer que haya tomado precauciones, porque es sabido que el abdicado maneja la muleta como un matador de tronío.   
     
       Siempre citando otras referencias, Errazkin da buena cuenta de las cuentas acrecidas gracias a “la tradicional amistad con los pueblos árabes”, muletilla muy usada por otro matador, aunque sin trono ni tronío, el dictadorísimo genocida. Al tirano de Arabia Saudita le sacó cien millones de dólares por colaborar con los gringos durante la primera guerra del Golfo. Entre golfos andaba el juego, nadie lo duda. A los jeques, emires y demás fauna tiránica les sobra el dinero, de modo que no debe de remorder la conciencia a quienes los estafan, porque ellos estafan a sus pueblos.
     
    El Urdangarin, estrella invitada
     
       Diego Torres, socio del yernísimo ladronísimo del abdicado en la fraudulenta empresa “sin ánimo de lucro” con el nombre griego de  Nóos (la antigua reina consorte es griega), publicó un libro con el seudónimo de Ricardo Grenville,Urdangarin y la Copa de Europa, en el que revela actividades delictivas del abdicado, en favor de los chanchullos organizados para robar con guante blanco, por su hija favorita y su yerno favorito. En una relación de robos y saqueos no podía faltar el inevitable Urdangarin como estrella invitada, porque su brillo es cegador en el firmamento de la delincuencia internacional.
     
       El 27 de agosto de 2007 el ahora abdicado, entonces en el trono, abandonó su palacio en Mallorca, en donde descansaba de su descanso habitual, para viajar a Marbella, en donde posee un palacio el príncipe saudí Salman, gobernador de Riad. Acudió con su barragana de entonces, la supuesta princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, involucrada en los pinchazos morunos para ganarse la vida decentemente (además usa otros métodos).
     
       El viaje del rey católico para visitar al príncipe moro no tenía un carácter amistoso, sino económico: pretendía sacarle 110 millones de euros para patrocinar la celebración de la Copa América, uno de esos proyectos fantasiosos ideados por el Urdangarin y la Cristina con la complicidad del Torres. Este dato debiera tenerlo muy en cuenta el juez José Castro, que ha imputado al trío y cómplices, pero no al abdicado. Lo mismo que debiera considerar importante la reunión que el tristemente célebre Urdangarin mantuvo en el mismísimo palacio de La Zarzuela, residencia oficial del abdicado cuando no está de pendoneo por ahí, con los jerifaltes valencianos del partido que se dice Popular Francisco Camps y Rita Barberá con el único objeto de tratar sobre la organización de la misma Copa.
     
       Los reyes o emires o como se llame a los tiranos de las monarquías árabes han resultado en verdad los moros amigos del abdicado. Desde 2003 ha efectuado once viajes a la zona, el último en abril y mayo de 2014. Según las crónicas periodísticas, realizó esos viajes acompañando a empresarios españoles que desean negociar en esos países enriquecidos por los ingresos del petróleo, sin importarles que no respeten los derechos humanos. ¿Qué pinta un rey entre empresarios? Nada, a no ser que actúe a comisión.
     
    Negocios muy cristianos
     
       Es sabido que el dinero no tiene nacionalidad ni religión, así que el rey católico también negocia a su manera con prepotentes cristianos. Por ejemplo, con el antes poderoso caballero don José María Ruiz Mateos, numerario de la secta satánica del Opus Dei, quien confesó (y después comulgó devotamente) haber entregado al abdicado “cientos de millones de pesetas”. Durante la presidencia del presunto socialisto Felipe González, uno de los grandes amigotes del abdicado, cayó en desgracia Ruiz Mateos, se le expropiaron sus empresas y fue encerrado en una mazmorra borbónica. Como asegura un refrán, así paga el diablo a quien bien le sirve. “Tóo pal pueblo”, declaró el hermano de Juan Guerra, que era vicepresidente de ese Gobierno, pero la verdad es que al pueblo solamente nos tocó pagar, pagar y pagar, mientras los beneficios se los repartían los de siempre.
     
       De otro opulento opusdeísta financiero, Javier de la Rosa, ya se ha comentado que pasó de íntimo del abdicado a preso común. Compartió módulo carcelario con otro financiero amigote del abdicado y de su padre, Mario Conde, famoso porque le brilla más el pelo que los zapatos. Se dice que guarda una bomba de relojería, con documentación comprometedora para el abdicado, pero no se atreve a publicarla de momento por miedo a las represalias. Se conoce que espera la pronta proclamación de la República.
     
       Dos primos que de tales no tienen nada, los albertos Alcocer y Cortina, han sido juzgados por varios delitos económicos, aunque no han ido a la cárcel porque una poderosa mano los protege. El abdicado favorece a quien quiere y abandona a quien le parece. Así, al milmillonario Juan Miguel Villar Mir, con una fortuna calculada en seis mil millones de euros, le concedió en 2011 el marquesado de Villar Mir “por su destacada y dilatada trayectoria al servicio de la Corona”, con pingües beneficios mutuos, “para sí y sus sucesores”. Su sucesora hija Silvia está casada con Javier López Madrid, uno de los ruidosos amigotes del actual rey Felipe VI. En cambio, Manuel de Prado y Colón de Carvajal, intendente real y celestino, fue dejado caer en una mazmorra cuando ya no era útil en sus oficios.
     
    La mordida que no cesa
     
       El expresidente de la compañía petrolera francesa Elf, acusado de fraude, manifestó ante el juez haber entregado 55 millones de euros al abdicado cuando todavía no lo estaba, como soborno para que hiciera valer su valiosa (y tanto) opinión a favor de la compañía. Se ignora si actuó por patriotismo el abdicado, aunque no parece aceptable suponerlo, cuando telefoneó al presidente mexicano Vicente Fox para interceder por la empresa hotelera española Riu, que no quería demoler los tres pisos de más construidos ilegalmente en uno de sus edificios en la turística Cancún. El tal Fox es otro pájaro de cuenta; el Congreso de su país investigó el origen de los mil millones de pesos conseguidos ilícitamente, en parte con el narcotráfico. No hace falta decir que se entendieron muy bien los dos jefes, y que los tres pisos se quedaron donde estaban.
     
       La misma incógnita se presenta al saber que el abdicado presionó al entonces jefe del Gobierno español, el inepto socialisto Rodríguez Zapatero, para que el Gobierno aprobase la entrada de la petrolera rusa LUKoil en el accionariado de Repsol: seis veces al día llegó a telefonearle. Claro que en el negocio intervenía como comisionista la famosa Corinna, con la que no sabemos qué relación prima, si la financiera o la sexual.
     
       Dedica Errazkin tres páginas a comentar los extraños manejos sucedidos con la herencia del duque de Hernani, título que el abdicado traspasó a su hermana menor Margarita, al mismo tiempo que, al parecer, se traspasaba a sí mismo la colección de 681 cuadros, de incalculable valor por ser piezas únicas de grandes pintores, reunida por el finado. Interpuesta demanda contra él por el sobrino y heredero presunto del duque, fue multado el demandante por ofensas al rey. El entonces secretario general de la Casa de Su Majestad, el general Sabino Fernández Campo, ordenó y mandó militarmente a los directores de los medios de comunicación que ignorasen el tema. El único periodista que osó incumplir la prohibición, Antonio Hernando, falleció muy accidentalmente cuando practicaba la pesca submarina, un deporte de mucho riesgo en el que era un verdadero profesional. Pero se arriesgó demasiado. Los borbones traen mala suerte.
     
       En resumen: según calcula la revista Forbes, la fortuna personal del abdicado asciende a 1.800 millones de euros. Y todos se los ha ganado él solito con su esfuerzo y su obsesión ahorradora, porque no se gasta el dinero más que en hacer regalos a sus barraganas.
     
    Juego de camas
     
       Y así entramos en otro capítulo demoledor para el juicio que el abdicado merecerá a los historiadores de su reinado. Probablemente será conocido en los tratados de historia con el sobrenombre de El Putañero. Este asunto no debiera importar más que a su resignada cónyuge, Sofía Pasaportodo, si no fuera porque nos ha costado muchos millones de pesetas y euros a los vasallos, unos dilapidados en regalos a las concubinas, y otros gastados en sobornos para que las mismas depusieran sus amenazas de chantaje.
     
       Según relata Andrew Morton en su bien documentado ensayo Ladies of Spain (Madrid, La Esfera de los Libros, 2013), inexplicablemente traducido al castellano dejando su título original en inglés, el abdicado disfrutó a lo largo de su crapuloso reinado de un harén de mil quinientas rameras sucesivas, cifra que ni los tiranos árabes pueden igualar. Como se entere un tal cardenal electo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, va a excomulgar al poliadúltero, aunque es posible que no se entere, y de esa manera se evitará los problemas derivados de topar con la realeza.
     
       Tampoco su tatarabuela la reina Isabel II gozó de tal número de amantes, a pesar de estar considerada la mayor golfa de la historia de España. Lo fue  tanto que los militares de su tiempo organizaron la Gloriosa Revolución en setiembre de 1868 y la expulsaron a Francia. Aquellos militares defendían la honra de España, porque pertenecían al pueblo.
     
       Hemos tenido que comprar las cursis y ridículas cartas que el abdicado escribió a Olghina di Robilant, una condesa italiana tan aprovechada que después de venderlas las publicó en Italia y en España. Los lacayos del entonces rey ignoraban que existen fotocopiadoras. Asegura que comparte a su hija Paola con el abdicado, pero la muchacha no ha reclamado una pensión hasta ahora. Quizá le avergüence tener ese padre y prefiera olvidarlo.
       En cambio, los que sí reclaman una prueba de paternidad al abdicado son Albert Solà e Ingrid Sartiau. Se han hecho un análisis de ADN con el resultado de tener un progenitor común, que no pueden ser las respectivas madres que los parieron en países distintos. El abdicado se niega a rebajarse hasta el punto de consentirlo. Según el citado exagente del CESID Arnáu de la Nuez, se le conocen al menos cinco hijos bastardos. Con mil y quinientas odaliscas a su servicio no son muchos bastardos. Seguramente aparecerán más. Preparemos la cartera, el que todavía la tenga.
     
    De esos polvos salen estos fondos
     
       La barragana que nos ha costado más cara, por ser la más cuca, se llama Margarita García, pero atiende por al alias artístico de Bárbara Rey, muy adecuado. Se la celestineó el entonces presidente Adolfo Suárez, que deseaba contar con una espía adicta en la cama real, y él perdió la cabeza (en sentido figurado, no en la guillotina hasta ahora). Pero ella decidió montar su propio negocio, así que grabó en vídeo los saltos del tigre que hacía su amante, y las conversaciones políticas que le sonsacaba. Los borbones se consideran tan intocables que no toman ninguna precaución para sus aventuras sexuales extramatrimoniales, al parecer ni siquiera utilizan preservativo, y por ello después pasa lo que pasa, para beneficio de barraganas y bastardos. Ellos son irresponsables, y además pagamos los vasallos.
     
       Los vídeos, según se cuenta en los mentideros, parecen una versión íntegra no censurada de La Bella y la Bestia. Para que no los exhibiera en un cine porno, a la apodada Bárbara, que lo es, hubo que pagarle una pensión mensual, a cargo de los fondos reservados del Ministerio de la Presidencia, que según se comenta en los citados suma dieciocho millones de pesetas, y por fin comprarle el material gráfico, más bien pornográfico, se dice que por cuatro millones de dólares, aunque autores hay que multiplican esas cifras. Una cuidada documentación se encuentra en el ensayo Un rey golpe a golpe (Navarra, Miatren–-Kalegorria, 2001) firmado por Patricia Sverlo, seudónimo empleado por Rebeca Quintáns para evitarse las complicaciones judiciales inherentes a quienes escriben sobre la familia irreal. Los vasallos pagamos las diversiones de los reyes. Para eso estamos.
     
       Sin embargo, no todas las barraganas han tenido tanta suerte. Por ejemplo, la actriz porno Sandra Mozarowsky, hija de padre ruso, que tras su aventura con el entonces rey murió defenestrada el 14 de setiembre de 1977, a los 18 años; se dice en esos mentideros siempre bien informados que se hallaba embarazada, aunque no se explica de quién.
     
       También era ruso el padre de otra actriz porno, conocida como Nadiuska porque su nombre es impronunciable en castellano; la casaron con un chatarrero, matrimonio de conveniencia después anulado, y ahora a sus 62 años está internada en un sanatorio porque padece esquizofrenia, según dice el diagnóstico médico. No es para menos.
     
       Y dejemos aquí el relato, porque para recordar a las mil y quinientas se  necesita un volumen como los del Espasa. Está claro que el abdicado padece el síndrome de la incontinencia sexual, característico de la dinastía borbónica, en hombres y mujeres. La única mujer que no soporta es la legítima esposa, quizá porque sea alérgico a todo lo legal. Según cotilleo del general Sabino Fernández Campo, testigo presencial, llegó a tirarle un plato a la cara durante una discusión mantenida en la mesa. Y tiene buena puntería el abdicado, o al menos la tenía en sus buenos años, puesto que en sus últimos discursos reales quedó demostrado que ya no ve tres en un elefante.
     
    Caza mayor, caída superior
     
       Debido a ello se cayó por las escaleras al salir de una habitación a las cuatro de la madrugada del 13 de abril de 2012 en Botsuana, adonde acudió para cazar elefantes, acompañado por su última barragana, la apuesta supuesta princesa Corinna. Entre que no ve y que la noche africana es negra, y que a saber lo que estuvo haciendo, se pegó un traspiés mayestático y se fracturó la cadera derecha en tres tristes trozos. Después declaró urbi et orbi que se había equivocado, y prometió que no repetiría tales aventuras. Las cinegéticas, quería decir, no las eróticas, porque a la Corinna le puso un chalé con criados, conductores y guardaespaldas, a costa de los fondos reservados, como es natural. De cacería era preferible que no saliera, en beneficio de los guías y ojeadores, más aún que de los elefantes.
     
       La afición por matar animales tiene antiguas raíces en el ahora abdicado, que al dejarse llevar por ella demuestra su desprecio total por la conservación de la naturaleza y de la fauna. Según confidencia de su amigo Juan José Macaya, cuando el abdicado era niño se entretenía matando gallinas, así como otros juegan a las canicas. Y de mayor mantuvo la afición, con animales de mayor envergadura. Por eso el 28 de febrero de 2004 mató un gran ejemplar de bisonte europeo, especie en extinción, en una reserva natural en Polonia. Entre el 8 y el 10 de octubre del mismo año mató diez osos y un lobo e hirió a otros varios en Covasna (Rumanía); se trataba de la especie de ursus arctos, protegida por la Convención de Berna de 2001. Protegida, pero no de reyes valientes que no le temen a nada. A nada legal.
     
       El oso más famoso de cuantos ha matado tenía nombre propio, Mitrofán. Se lo prepararon en agosto de 2006 en Vologda (Rusia), emborrachándolo con miel y vodka, para que su real persona no estuviera en peligro nunca, que él es valiente, pero precavido. Lo denunció un guarda forestal en carta publicada en un periódico ruso. A un periódico vasco, Deia, publicar la noticia le costó una denuncia por “injurias al rey”.
     
       Para exhibir adecuadamente sus trofeos venatorios, el entonces rey se hizo construir un pabellón de caza en terrenos de El Pardo, entre 2007 y 2009. Costó 3,4 millones de euros, pagados por el Patrimonio Nazional, que es patrimonio borbónico. A lo único que tenemos acceso los vasallos es a pagar los costes de las diversiones reales. Nos lo merecemos. Y menos mal que no tuvo la ocurrencia de cazarnos a nosotros.
     
    El mayor delincuente
     
       Errazkin aborda otros temas en Juan Carlos, un rey con antecedentes, como la muerte por disparo de Alfonso de Borbón cuando jugaba con su hermano Juan Carlos y con una pistola, propiedad del superviviente, asunto polémico porque el padre de ambos prohibió que se hiciera la autopsia al cadáver, como es reglamentario en los casos de muertes no naturales. El asunto ha dado pie a muchas cábalas y cavilaciones.
     
       Asimismo cita lo que cuenta Arnáu de la Nuez, respecto a la participación del abdicado en reuniones conspiratorias con varios jefes militares y seis civiles, en un piso de la madrileña calle del General Cabrera, en las semanas previas al histórico 23 de febrero de 1981. Se ignora, aunque se sospeche, quién era el “elefante blanco” aquel día. Le gustan tanto los elefantes al abdicado que algunos piensan en él, sin ninguna prueba, claro es. También sobre esta cuestión existe abundante bibliografía a disposición de los incrédulos en los informes oficiales.
     
       Y por todo lo dicho y lo demás que se encuentra en el ensayo, puede calificarse a Juan Carlos de Borbón como el mayor delincuente de España, y tal vez de Europa; de otros continentes no se debe apostar. Y éste es el modelo que se propone seguir su hijo y sucesor Felipe VI, quien además ha aportado a la dinastía a una mujer con pasado borrascoso por vicioso, que tiene ahora mismo a su padre, su tía y su abuelita encausados en un Juzgado asturiano, una broma pesada para los otrora príncipes de Asturias. Esta familia irreal no se priva de nada, porque el pueblo lo soporta todo.
     
       Comprueben lo documentado que está el ensayo, leyéndolo antes de que lo secuestren. Y repitan como los revolucionarios de 1868: ¡Viva España con honra! ¡Abajo los borbones!
     
    Autor: Arturo del Villar, a propósito del ensayo de Iñaki Errazkin Juan Carlos, un rey con antecedentes
     
    Fuente: http://fresdeval.blogspot.com.es/2015/01/el-mayor-delincuente-de-espana.html

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  • 08/13/15--01:52: Frase de Cine


  • "Un día horrible merece una noche peor."

    Frase de: Lance Reddick, actor (n.1962) como Papá Legba in"American Horror Story: Coven"de Ryan Murphy & Brad Falchuk, FX TV, USA, 2013.

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  • 08/14/15--11:15: Cita de la Semana


  • "No hay venganza más bella que aquella que infligen los otros a tu enemigo. Tiene hasta la virtud de dejarte la parte del generoso."

    Frase de: Cesare Pavese (1908-1950), escritor.


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  • 08/25/15--10:02: Cita de la Semana


  • "En los celos hay más amor propio que amor verdadero."

    Frase de: François VI, IIº Duque de La Rochefoucauld (1613-1680), militar, cortesano, escritor y moralista.


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  • 08/26/15--08:08: CURIOSIDADES -185-
  • "El Rey de Mayo"



    El último Rey de Italia, Humberto II de Saboya (1904-1983), alias "El Rey de Mayo" como se le conoce por la brevedad de su reinado (33 días en mayo-junio de 1946), figura en la lista de los ilustres personajes de la historia que fueron gays desde que el francés Didier Godard le incluyera en su "Diccionario de los Jefes de Estado Homosexuales o Bisexuales". En él, el autor habla de un escarceo amoroso entre el futuro monarca, entonces Príncipe de Piamonte (título del heredero del trono italiano), con el no menos célebre director de cine y de ópera Luchino Visconti di Modrone, Conde de Lonate Pozzolo, y el actor francés Jean Marais entre otros. Sin embargo, el autor de ese diccionario no ha sido el único en apuntar al rey como homosexual, ya que existía con anterioridad un dossier redactado para el entonces primer ministro-dictador Benito Mussolini sobre la vida privada de Humberto con la perversa intención de utilizarlo para chantajearle en el momento adecuado. Se dice que ese dossier de Mussolini era conocido en los círculos políticos y periodísticos italianos, y que los partisanos se lo confiscaron cuando lo pillaron intentando huir de Italia con la ayuda de los soldados alemanes.

    Por otro lado, Humberto casó oficialmente "por amor" en 1930 con la guapa y moderna Princesa Maria-José de Bélgica (1906-2001), sin embargo, el matrimonio nunca estuvo unido. Él, educado por estrictos y obtusos militares desde la tierna infancia, aparecía como un hombre frío, envarado y reservado conservador, amante de la etiqueta cortesana, a sus anchas con el boato, el lujo, las altas jerarquías eclesiásticas, con la alta aristocracia, los militares y los académicos, mientras que ella, simpatizante de la ideología socialista que rehuía de todo lo que oliera a tradición, clericalismo y boato real, bebía y fumaba para mayor escándalo de la nobleza italiana, y llevaba una vida mucho más espartana y retirada, gustando rodearse de gente intelectualmente avanzada, inteligente e inquieta. De hecho, Humberto llevó una vida de militar que casi siempre le hacía estar alejado de ella, siempre rodeado de apuestos asistentes y oficiales jóvenes y guapos por los que sentía auténtica y mal disimulada pasión a decir de las malas lenguas. Para colmo, sufría con aparente estoicismo del constante espionaje de los servicios secretos y de la campaña de desprestigio lanzada por los fascistas contra su persona. Pese a la enorme brecha cultural existente entre ambos cónyuges, tanto Humberto como Maria-José se guardaron muy mucho de hablar de su vida matrimonial y de sus pequeñas miserias personales aunque, según algunos historiadores contemporáneos, los hijos concebidos por la real pareja se hicieron gracias a la revolucionaria fecundación in vitro y en el mayor de los secretos. Cierto o no, cuando el breve reinado de Humberto II terminó al cabo de un mes y 9 días (del 9 de mayo al 18 de junio de 1946) gracias a un controvertido plebiscito popular que notificaba el fin de la monarquía en Italia, la real pareja se separó en agosto de 1947: Maria-José se instalaba en Suiza mientras que Humberto II hacía lo propio en Portugal.

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  • 09/11/15--03:27: Cita de la Semana


  • "Los hombres desaprueban, por lo común, lo que son incapaces de ejecutar."

    Frase de: Cristina I, Reina de Suecia (1626-1689).


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  • 09/11/15--05:03: CURIOSIDADES -186-
  • "Polvos Letales"



    En 2004, se descubrió que en las pelucas y cabellos del rey Jorge III de Gran-Bretaña e Irlanda (1738-1820) había un alto contenido de arsénico, a sabiendas que este veneno en polvo se utilizaba entonces para empolvar cabellos y pelucas pero, en el caso del monarca, se registró la siguiente sorpresa: que sobrepasaba 300 veces su nivel tóxico!

    ¿Fue entonces este envenenamiento paulatino el detonante de su locura después de los cincuenta?¿De qué forma pudo el rey envenenarse?

    Los análisis y la investigación de los informes médicos revelaron que Jorge III, además de empolvarse la cabeza con arsénico, utilizaba una crema para la piel que contenía una base de antimonio con trazas de arsénico, amén de una medicación que sus doctores le suministraban diariamente y que también contenían el mismo veneno. Por tanto, los factores fueron muchos y contribuyeron a agravar su caso de porfiria que, por norma, no suele manifestarse con tanta agudeza en los varones como en las mujeres.


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  • 09/14/15--12:08: SIR WALTER RALEIGH

  • SIR WALTER RALEIGH, Kt.
    1552 - 1618
    Aventurero y favorito real



    FICHA TÉCNICA:


    -Nacido en 1552, en Hayes Barton, Devon, Inglaterra.

    -Hijo de: Walter Raleigh, Esq., y de Katherine Champernon, Lady Gilbert de Compton Castle.

    -Casado con: Lady Elizabeth Throckmorton (1565-1618), hija de Sir Nicholas Throckmorton y Lady Anne Carew.

    -Hijos habidos: 2 => -Walter Raleigh, 1593-1617

                                       -Sir Carew Raleigh, 1605-1667.

    -Ejecutado el 29 de octubre de 1618, en la Torre de Londres; edad 66 años.


    Juventud


    Sir Walter Raleigh nació en la finca solariega de sus padres, Walter Raleigh y Katherine Champernon, en la localidad de Hayes Barton, cerca de Budleigh Salterton (condado de Devon, Inglaterra); sus progenitores pertenecían a esa ínfima hidalguía rural protestante, modestamente próspera, de la Inglaterra tudoriana. Su madre, Katherine, era hija de Sir Philip Champernon, caballero, y de Lady Catherine Carew, mientras que por lado paterno, era nieto de Wymond Raleigh, escudero y terrateniente, y de Elizabeth Edgecombe.

    Su madre había tenido tres hijos de un primer matrimonio con Sir Otto Gilbert de Compton Castle, siendo éstos medio-hermanos de Walter: Sir Humphrey, Sir John y Sir Adrian Gilbert, y siguieron dos hermanos más: Carew y Margareth Raleigh.

    Walter "Senior" Raleigh, había nacido alrededor del año 1520, procedente de la localidad de Fardell, en las cercanías de Dartmoor, habiéndose casado en primeras nupcias con Joan Drake, lejana pariente del célebre corsario Sir Francis Drake, oriunda ésta de Exmouth, al sur de Exeter, dónde Raleigh "padre" poseía las mansiones de Collaton Raleigh Manor y de Wythecombe Raleigh Manor; explotaba entonces la opulenta granja de Hayes Barton, una extensa finca que le daba pingües beneficios. Viudo de Joan Drake en 1530, se casó en segundas nupcias con la viuda de Sir Otto Gilbert de Compton Castle, madre de tres hijos, como hemos citado anteriormente. Katherine Champernon era entonces hermana del vice-almirante de Devon, y una tía suya era ayudante de cámara de la princesa Elizabeth de Inglaterra, hija del rey Enrique VIII y de Ana Bolena.

    A la edad de 15 años, nuestro protagonista se une a una tropa de 100 jinetes capitaneada por Gabriel de Montgommery, Conde de Lorges, cuya hija estaba casada con uno de sus parientes, James Champernon. Bajo las órdenes del almirante francés Coligny, jefe de los hugonotes, participa en la sangrienta batalla de Montcontour, dónde asesinarían a numerosos católicos del Languedoc. Más tarde escaparía milagrosamente de la Masacre de la Noche de San Bartolomé, en París, regresando a Inglaterra.

    Sus padres le envían entonces a la Universidad de Oxford, entrando en el Oriel College junto a un primo de Somerset, George Carew y Charles Champernon, de Devon. Allí estudiaría a Aristóteles y se convertiría en un alumno notable en oratoria y filosofía. Pero harto de la férrea disciplina universitaria, se traslada al Middle Temple de Londres, para estudiar Derecho, instalándose a Islington, una localidad rural trufada de bonitas mansiones y hermosos jardines.

    La persona que más influencia tuvo en la vida de Walter Raleigh fue su medio-hermano, Sir Humphrey Gilbert, y a través del cual pudo entrar en contacto con el célebre matemático y mago John Dee, aparte de la obtención de la gran protección del Conde de Leicester.

    Entre 1553 y 1558, la reina María I "la Sangrienta" ocupa el trono británico y la situación religiosa da un vuelco dramático, favoreciendo la reimplantación de la Fe Católica en suelo inglés a base de represiones, martirios, torturas, ejecuciones y hogueras. Durante los 4 últimos años de ese nefasto reinado femenino, perecieron no menos de 288 personas entre las llamas de las hogueras por su adhesión a la fe protestante. Entre éstos mártires, se encontraba una amiga de la familia Raleigh, Agnes Prest, que fue quemada en Exeter. Los Raleigh, férreos protestantes anglicanos, consiguieron escapar del ajuste de cuentas.




    el Capitán Walter Raleigh

     
     
    En 1558, accede al trono la reina Elizabeth I, abiertamente anglicana y conciliadora, devolviendo la paz religiosa al reino. Veinte años más tarde, Sir Humphrey Gilbert obtiene de la soberana cartas patentes para descubrir y colonizar nuevas tierras en su nombre. De este modo, se convierte en almirante a bordo del "Anne Archer", y Raleigh en capitán a bordo del "Falcon", junto a un tal maestre Simón Fernández; el "Falcon" era entonces un navío de 75 pies de eslora, en el que se encontraban embarcados gentilhombres, soldados y marinos, unas 70 personas en total. La alimentación del equipaje se componía de carne en salazón, cerveza y galletas podridas. Huelga decir que las condiciones de vida en el navío no eran de las más placenteras: rudeza, disciplina implacable y castigos corporales.

    Pero la empresa de los dos hermanos se tradujo en un completo fracaso, al sufrir el equipaje todo tipo de enfermedades: disentería, tifus, beri-beri y escorbuto. Gran parte del personal encontró la muerte antes de arribar a las Islas de Cabo Verde, tras soportar tremebundas tormentas marinas. Siendo la expedición un fiasco, tuvieron que regresar a Inglaterra con los supervivientes de la hecatombe, desembarcando en Plymouth en 1579. En consecuencia, Walter Raleigh y su medio-hermano tuvieron serios problemas con el Consejo Privado de la Reina, que les prohibió que volviesen a surcar los mares y fletar barcos de motu propio.

    Tras el inicial fracaso marino, Walter Raleigh, que tenía entonces 24 años, volvió a Londres dónde llevó una vida salpicada de querellas y duelos que le llevaron a ser encarcelado durante 6 días, junto a Sir Thomas Parrot. Se le relacionaba entonces con el rico y peligroso Conde de Oxford, el primer par de Inglaterra y católico converso. En libertad, tomó parte en las negociaciones con el Duque de Alençon, hermano menor del rey Enrique III de Francia, que pretendía en vano obtener la mano de la reina Elizabeth I de Inglaterra. Las negociaciones acabaron fracasando y Alençon tuvo que regresar a Francia.

    Poco después, Walter fue nombrado capitán de un destacamento de 100 hombres destinados a Irlanda, en una época destacable por su cruel barbarie: Sir Humphrey Sidney y Sir Humphrey Gilbert se lucieron quemando y arrasando pueblos y masacrando sus gentes. En el contexto del enfrentamiento entre ingleses e irlandeses, apoyados éstos por mercenarios italianos y españoles, Walter Raleigh se ilustró por su coraje y bravura en las numerosas escaramuzas que se libraron entre los dos bandos. También se sabe que disfrutó de una relación sexual con una tal Alice Goold, a la que hizo una hija. Pero ésta falleció prontamente víctima de una epidemia de peste que asolaba en Kingston. Harto de Irlanda, Walter Raleigh escribió al Conde de Leicester y a Sir Francis Walsingham, en la esperanza de obtener apoyos para regresar e introducirse en la corte londinense.


    El favorito de la Reina

     
    A la edad de 28 años, Walter Raleigh era un hombre joven muy bien parecido, alto, guapo, de porte elegante, con cierto aire de autoridad y viril. Recién llegado de Irlanda, hacía su aparición en la corte de la reina Elizabeth I, de entonces 48 primaveras; a decir de testigos oculares, tenía todas las cartas para seducir a la madura soberana y supo conquistarla figurando como un perfecto cortesano de la "Era Isabelina". No le faltaba ambición, inteligencia y buenos apoyos entre los personajes más influyentes de la corte británica. Era un hombre que se había hecho a si mismo.
    Nuestro seductor se convierte, finalmente, en el favorito en alza de Su Graciosa Majestad. Cuenta la leyenda que Walter Raleigh tiró su capa sobre el camino encharcado a modo de alfombra para que la soberana no se manchase de barro los pies. La reina, siempre coqueta y enamoradiza, le nombra entonces capitán de su guardia y obtiene más tarde 42,000 acres de tierra en Irlanda al término de la famosa "Conspiración de Lord Babington", convirtiéndose en dueño y señor de la localidad irlandesa de Youghal. La influencia de Raleigh se hace entonces patente cuando intercede en favor del sobrino del Lord Tesorero Lord Burghley, el Conde de Oxford. Aquel gesto le aporta el sólido respaldo del clan Cecil, muy influyente en la corte isabelina. Raleigh figurará en todos los desplazamientos de la corte itinerante de la soberana: Hampton Court Palace, Nonsuch Palace, Greenwich Palace,... Para disfrute de la reina, Raleigh organiza memorables fiestas acuáticas en el Támesis. En 1583, Elizabeth I le cubre de honores y regalos, le concede el palacio de Durham (residencia palatina de los antiguos obispos de Londres) a modo de residencia londinense. Se sabe que lleva un tren de vida fastuoso: come en vajilla de plata y tiene a su disposición nada menos que 30 criados con librea a sus armas y adornados con cadenas de oro.

    Pero Raleigh tendrá que hacer frente al inesperado retorno del Conde de Leicester, quien siente por él tremendos celos. Para contrarrestar el ascenso de Walter Raleigh, Leicester introducirá en la corte a su hijastro, Robert Devereux, Conde de Essex, convirtiéndolo en su principal rival en el corazón de la soberana. Despechado, Walter se dedica a amasar una escandalosa fortuna: se hace con el monopolio de la exportación de tejidos de Londres y, en 1584, monopoliza el negocio del vino, sacando además pingües beneficios al fletar barcos que le dan la fabulosa suma de 10.000 Libras.

    A pesar de la presencia del Conde de Essex como gran rival de Raleigh, un embajador de Pomerania en la corte británica anotó que en aquella época, la soberana declaró abiertamente amar por encima de todos a su estimado Walter Raleigh.

    Como prueba de su enamoramiento, Elizabeth I ordenó caballero a Sir Walter Raleigh en 1585, tras fundar éste una colonia en las Américas, colonia que bautizó "Virginia" en honor a su reina, "la Reina Virgen". De hecho, fue gracias a las indicaciones del navegante portugués Simón Fernández y a la segunda expedición de Sir Humphrey Gilbert en costas americanas, que se debe la colonización de Virginia. Gilbert falleció cerca de las Azores, a bordo del "Squirrel"... Desde su residencia londinense de Durham House, Walter Raleigh planeó la tercera expedición junto con John Dee y Thomas Harriot. Embarcó en mayo de 1584 y divisó las costas de Florida en julio del mismo año. Fundó en la Isla de Roanoke, la primera colonia inglesa y volvió sano y salvo de Virginia, para dar parte a la soberana de su nueva colonia.

    En el mismo año de 1585, sería nombrado gobernador de la Isla de Jersey, dónde mandaría construir o remodelar un castillo en la cima de un promontorio rocoso, en la década de 1590, y bautizado con el nombre de "Elizabeth Castle".

    Sir Walter Raleigh figuraba entonces como miembro electo del Parlamento para el condado de Devon y acumuló nombramientos: vice-almirante del Oeste, Lord Teniente de Cornualles, etc. Y gracias a su actuación en la conspiración de Babington, obtuvo extensas tierras en Irlanda (42.000 acres) y dos castillos: Lismore (cerca de Cork) y Waterford. A eso sumemos la fortuna que amasó al convertirse en propietario de numerosos barcos (frecuentemente fruto de la rapiña corsaria), y al percibir rescates de prisioneros de guerra españoles...

    De su segunda expedición a Virginia, capitaneada por su primo Sir Richard Grenville, Sir Walter Raleigh aportó girasoles, calabazas y la planta del tabaco, que los nativos americanos fumaban en pipas, novedades que asombraron a la corte inglesa y a Europa entera. De esas expediciones, también sacó gran tajada cuando capturó el "Santa María", barco español cargado de tesoros incalculables (oro, plata, perlas, azúcar de caña y especias), haciendo las delicias de su soberana y de sus inversores...


    Raleigh versus Essex
     

    Sus triunfos provocaron los celos de Essex, que intentó, por todos los medios, desacreditarlo ante los ojos de la reina. Lord Leicester acababa de morir de cáncer y su puesto fue naturalmente ocupado por Essex, a quien la reina armó caballero de la Orden de la Jarretera. Raleigh se querelló con Essex y la soberana tuvo que imponer la paz entre los dos rivales. Finalmente, Sir Walter Raleigh tomó la decisión de abandonar momentáneamente la corte londinense para instalarse en su castillo de Lismore, en el corazón de sus extensas posesiones irlandesas. A este "exilio" voluntario, había contribuido en gran parte el fiasco de su proyecto de Roanoke Island, en Virginia, cuya colonización había misteriosamente desaparecido por segunda vez. Haciendo leña del árbol caído, sus enemigos se cebaron con él, obviamente celosos de sus éxitos personales, de su competencia, de su arrogancia, del favor real y de su fortuna personal. A todo eso se sumaba el fulgurante ascenso de la estrella del Conde de Essex en el firmamento cortesano; Sir Walter Raleigh empezaba a ver el declive de su estrella con apenas 30 años de edad, mientras que la reina Elizabeth I, alcanzaba sus 54 primaveras y le cambiaba por otro hombre en su intimidad.

    La Colonia Perdida de Roanoke Island
     

    La primera criatura británica que nació en América se llamó Virginia Dare. Sus padres habían viajado al Nuevo Mundo con un grupo de colonos que desembarcaron en Roanoke Island, frente a la costa de Carolina del Norte, y Virginia nació poco después, el 18 de agosto de 1587.

    El barco que llevó a los Dare y a otros a la nueva tierra regresó a Inglaterra con todos los hombres que había transportado excepto diez. Éstos fueron dejados allí para iniciar una colonia. Pero cuando llegó el barco siguiente, no pudieron encontrarlos. Habían desaparecido sin dejar rastro. Ese segundo barco transportaba un centenar de personas para fundar nuevamente la colonia y regresó a su vez a Inglaterra. Algún tiempo más tarde, llegó un tercer barco y sus pasajeros encontraron de nuevo la isla totalmente vacía. No había ni rastro de violencia o de lucha, ni siquiera una sola tumba; solamente encontraron la palabra "CRO" tallada en un árbol y "CROATOAN" tallada en otro cercano. Parecía pues, que Croatan, otra isla de Carolina del Norte, era el lugar indicado donde se había instalado el grupo de colonos desaparecidos. El capitán, temiendo ir falto de avituallamiento y el invierno aproximándose, decidió zarpar hacia las Indias Occidentales e invernar allí. Pero cuando el barco siguiente llegó a la Isla de Croatan, tampoco encontró señales de los colonos abandonados.



    Sin rastro ni noticias de una probable matanza por parte de los indios, aún menos tumbas o lápidas que indicasen la muerte de aquellos, tan solo encontraron a una criatura india con cabellos "amarillos" y ojos azules, pero ni uno solo de los 110 colonos fue encontrado jamás.

    A pesar de constituir tema de innumerables rumores y leyendas, el misterio jamás se disipó y sigue sin tener una explicación hoy en día.


    Matrimonio secreto

     

    Lady Elizabeth "Bess" Throckmorton, tenía 19 años cuando apareció por vez primera en la corte de Elizabeth I. Era hija de Sir Nicholas Throckmorton, embajador de Inglaterra en París y hermano de un influyente cortesano. Bess era una joven inteligente, de carácter fuerte, apasionada y valerosa cuando cayó entre los brazos de Sir Walter Raleigh, de entonces 40 años. La relación amorosa se tradujo en un embarazo accidental que obligó a Raleigh a contraer matrimonio con ella, en el más absoluto secreto. Se ha de decir que de ella quedó perdidamente enamorado y que ocultó su situación a la soberana para evitarle el disgusto. Y, como si nada hubiese ocurrido, Sir Walter volvió a sus deberes en calidad de vice-almirante a bordo del "Revenge", bajo la dirección de Lord Thomas Howard, en una expedición destinada a interceptar los galeones españoles que transportaban tesoros desde las colonias de Perú y México a España. Para recompensar sus esfuerzos, la reina le donó en propiedad el castillo de Sherborne, en el condado de Dorset, junto con la próspera finca de Willscombe Manor, confiscados al obispo de Bath y Wells, que había contraído un matrimonio secreto sin permiso real.
    La joven esposa de Raleigh no pudo, durante mucho tiempo, esconder su estado de buena esperanza y parió a un niño que fue inmediatamente entregado a una nodriza, para reincorporarse a su puesto de dama de honor de la reina. Cuando Sir Walter volvió de su última incursión marina, se las arregló para que su hijo y la nodriza fuesen instalados en Durham House. Desgraciadamente, su secreto fue descubierto y aireado el 31 de mayo de 1592. La reina no había dado su permiso y, furiosa, ordenó el arresto de Raleigh. Exigió que la pareja le rogase el perdón y le pidieran su gracia, pero éstos rehusaron semejante humillación pública y cayeron en desgracia. Elizabeth I les ordenó abandonar la corte y fueron alejados durante cinco años de cualquier punto frecuentado por la corte, tras sufrir ambos una estancia entre los fríos y húmedos muros de la Torre de Londres.

    Pese a la caída en desgracia, fruto de la inflexibilidad de la soberana, Sir Walter Raleigh y Bess tan solo se vieron vetados a ser admitidos en la corte; conservaban Durham House, en Londres, y el castillo de Sherborne, en Dorset, amén de los monopolios mercantiles. Quizás fuesen marcados por la vergüenza, pero no se encontraban arruinados ni mucho menos. Puede que lo peor fuera que Elizabeth I dispusiera que los esposos fuesen separados y destinados a dos exilios distintos y lejanos el uno del otro.

    De todos modos, Raleigh siguió estando en servicio activo y fue destinado a Dartmouth por Lord Burghley, para intervenir en el reparto del botín del "Madre de Dios", un galeón de 1,600 toneladas y con 800 personas a bordo, y con un valor calculado en 500,000 Libras. A raíz de la exitosa captura, Bess Throckmorton fue liberada de su celda de la Torre de Londres, y obtuvo permiso para reunirse con su esposo en el castillo de Sherborne.

    El primer hijo nacido de la pareja, falleció prematuramente en la cuna. Pero nuevamente preñada, Bess dió a luz, en 1593, a otro hijo varón también llamado Walter, como su padre y su abuelo. El mismo año, Raleigh ordenaba la edificación de un pabellón de caza en las inmediaciones de su castillo de Sherborne, bautizado como "Sherborne Lodge"; aunque, más que un pabellón, el edificio adquirió mayores proporciones hasta convertirse en una digna mansión de un caballero en el más puro estilo isabelino. Sir Walter planeaba retirarse del escenario público como un terrateniente de vida apacible, rodeado de todas las comodidades inherentes a su rango de caballero.



    Mientras avanzaban las obras de Sherborne Lodge, Raleigh intervino activamente en los debates parlamentarios londinenses, abordando el espinoso tema de la religión, del reforzamiento de la armada británica y exponiendo sus reservas acerca de la sucesión de la reina Elizabeth I, cuyo trono debía recaer en manos del rey Jacobo VI de Escocia. Al mismo tiempo, Lord Essex intentaba por todos los medios ennegrecer su nombre relacionándole con el célebre dramaturgo Christopher Marlowe, conocido por su ateísmo y su singular sexualidad.

    Podemos sacar en claro que, debido a su oposición a la subida al trono inglés de Jacobo VI de Escocia, Sir Walter Raleigh se granjeó la enemistad de aquel soberano que no tardaría en ceñir la corona de la última soberana Tudor.


    La Búsqueda de El Dorado


     

     
    Cuando en 1594, Sir Walter Raleigh llevó a cabo la misión de reconocimiento de la Guayana, conoció al aristócrata español Sarmiento de Gamboa, quien le contó la famosa leyenda de "El Dorado": un fantástico reino cuya ciudad estaba enteramente construida en oro, en el corazón de la remota América del Sur.

    Las aguas caribeñas eran entonces escenario de la piratería inglesa; Sir Francis Drake, corsario de Su Graciosa Majestad, había saqueado Santo-Domingo y Cartagena para llevarse consigo un botín a Inglaterra. Por su lado Sir Walter Raleigh tenía intenciones más legítimas: pretendía establecer unos sólidos y duraderos asentamientos británicos en suelo americano, compitiendo así con el poderío colonial de los españoles.

    De todos modos, para muchos, la leyenda de "El Dorado" resultaba ser una fantástica fábula... Pese a lo incierto de todo lo que rodeaba esa leyenda, Raleigh fletó 4 barcos en 1595, con 300 soldados y aventureros a bordo, incluyendo a un eminente matemático de Oxford, Lawrence Keymis. Llegado en las inmediaciones de Trinidad, incendió la ciudad de San José y capturó a su viejo gobernador español de 74 años de edad, Don Antonio de Berrio. Ese veterano soldado había hecho parte de numerosas expediciones remontando el Orinoco, en busca del mítico "El Dorado". Sir Walter Raleigh tenía la esperanza de beneficiarse de la experiencia del viejo gobernador de San José, y que éste le ayudase en su búsqueda. Acompañado por algunos bajeles añadidos a su flota, con un pasaje de 100 hombres, Raleigh amontonó provisiones y se dirigió al río Orinoco, encontrando nativos que le sirviesen de guías. Durante una parada en una orilla para aprovisionarse, se toparon con un cuenco cincelado en oro encontrado casualmente entre unos matojos, lo que alentó a Raleigh a proseguir con la búsqueda. Quince días después de viaje, se encontró con un grupo de nativos locales: las mujeres nativas siendo hermosas y los aventureros ingleses estando seriamente borrachos, se libraron a todo tipo de excesos con éstas, siendo comparados en brutalidad y crueldad con los colonos españoles... Cuando arribaron al punto de unión de los ríos Orinoco y Caroni, se encontraron frente a un poblado nativo en el que, antaño, Antonio de Berrio había mandado ejecutar al jefe, y que entonces era gobernado por un hombre nativo de avanzada edad llamado Topiawari y que afirmaba tener 110 años. Sir Walter Raleigh y Topiawari se entendieron de maravilla; éste les prometió ayuda en su búsqueda del mítico reino. Pero a lo largo de la expedición, la búsqueda resultó vana y las lluvias incesantes acabaron por minar toda esperanza de dar con "el Dorado", forzando a Raleigh a replegarse y volver a Trinidad, tomando consigo al hijo del jefe nativo Topiawari y dejando atrás a dos de los suyos: Francis Sparrow (que sería más tarde capturado por los españoles) y Hugh Godwin (que acabaría integrándose en la comunidad indigena y hablar su lengua).

    Desgraciadamente para él, la expedición se tradujo en un rotundo fracaso.

    Raleigh navegó hacia Cumana y la costa Venezolana, siguiendo todo el rosario de asentamientos españoles a los que atacó con más o menos fortuna. En cualquier caso, perdió a 4 hombres en una escaramuza y 27 otros perecieron de distintas enfermedades a bordo de los barcos. Finalmente se avino a abandonar y liberó a Berrio para intercambiarlo con un inglés que había caído prisionero en manos españolas. Volvió a Inglaterra desilusionado, donde escribiría una de las más brillantes obras de la literatura isabelina: "El Descubrimiento del grande, rico y hermoso imperio de Guayana" (hoy día Venezuela).

    El Ataque a Cádiz

     
     
     
    Los ataques corsarios británicos disminuyeron notablemente a la muerte de dos de los más temibles navegantes: Drake y Hawkins. Y los españoles tomaron su revancha saqueando e incendiando las localidades portuarias de Mousehole y de Pezance, en Cornualles, multiplicando las incursiones en las costas irlandesas.

    Lord Burghley, nuevo todo-poderoso jefe del Consejo de Ministros de Elizabeth I, decidió entonces que se atacase el Puerto de Cádiz, que andaba siendo planeado por Sir Walter Raleigh y su rival Lord Essex. Al proyecto, Elizabeth I opuso cierta tibieza pero se avino finalmente a proporcionarles 5.000 marinos, 65.000 soldados y 30.000 Libras. El 11 de junio de 1596, el Lord Almirante Howard de Effingham, a bordo del "Ark Royal", el Conde de Essex siendo comandante a bordo del "Duc Repulse" y Sir Walter Raleigh a bordo del "Warspite", encabezando un centenar de navíos, salieron del puerto de Plymouth, con Sir Francis Vere como mariscal del ejército, para dirigir una auténtica pesadilla marina contra España.

    Sorprendidos y aterrorizados, los españoles vieron atónitos a los cuatro pro-hombres británicos arribar a Cádiz el 29 de junio. Raleigh se encargó de prender los buques mercantiles (siendo malherido), mientras que Lord Howard ordenó el ataque del puerto gaditano, desembarcando el grueso del ejército en botes. Las tropas británicas se libraron entonces al saqueo sin piedad de Cádiz. Howard, Vere y Essex se hicieron con cantidad de navíos españoles e intentaron sacar tajada pidiendo rescate a los españoles; inflexible, el rey Felipe II ordenó al duque de Medina Sidonia que persiguiese e incendiase la flota entera, dejando a los ingleses sin botín y causando una pérdida de 12 millones de ducados.

    De vuelta a Inglaterra el 1 de junio de 1597, Raleigh obtuvo audiencia con la soberana y se vió restaurado en su primitivo cargo de capitán de guardias. Pese a su vuelta en el favor real, la salud de Raleigh se vió mermada por las hemorragias financieras: demasiadas inversiones en sus expediciones de ultramar, malmetieron su economía personal. A eso se sumó los cuatro veranos siguientes, que fueron torrenciales, y malograron las cosechas y ocasionó gran mortandad entre los campesinos de sus tierras.



    En conflicto con Essex



     
     
    Tras el ataque británico a El Ferrol, al norte de España, estalló un incidente entre Sir Walter Raleigh y Robert Devereux, Conde de Essex; Raleigh se había separado de la flota de Essex para perseguir, supuestamente, a la Armada Española hasta las Azores provocando la ira del segundo. Essex había dado permiso a Raleigh para repostar en Flores y luego le ordenó que se uniera a él para atacar la Isla de Fayal. Se produjo entonces un desencuentro entre los navíos de Raleigh y de Essex. Viendo que la flota del conde tardaba demasiado en unirse a la suya, Raleigh determinó atacar solo el puerto español. Essex llegó poco después, encontrándose con que Raleigh había triunfado y se sintió personalmente insultado.

    En represalia, Essex pidió que Raleigh fuera llevado ante una corte marcial y se le condenase a muerte por desobedecer sus órdenes. Sir Walter protestó airadamente, defendiéndose hábilmente de las acusaciones de su rival, probando que el saqueo y la toma de Fayal respondía, precisamente, a las órdenes que Essex había cursado cuando le acordó el permiso de aprovisionarse en Flores. El Lord Almirante Howard dió carpetazo al asunto e impuso la paz entre los dos rivales, para terminar con los enfrentamientos. Los dos debieron, luego, unirse de nuevo para enfrentarse a la nueva Armada de un ya moribundo Felipe II, empeñado en invadir Inglaterra. Pero como la primera, la segunda fracasó por culpa de las inclemencias meteorológicas, y Essex y Raleigh pudieron regresar a Plymouth.

    La reina Elizabeth I, disgustada por las ingerencias de Essex, lo había destinado a Irlanda donde éste acumuló los errores y desobedeció las órdenes que ésta le transmitió. Tras la desastrosa campaña irlandesa, Essex regresó a Londres sin permiso de la soberana e intentó justificarse ante ella. Lejos de dejarse impresionar por el conde, la reina le escuchó y luego mandó arrestarle. Parecía entonces que, mientras Essex iba progresivamente desacreditándose a ojos de Elizabeth I, Sir Walter Raleigh recuperaba el favor y las gracias reales, como su nominación al cargo de gobernador de la Isla de Jersey.

    Finalmente, Lord Essex cometió el craso error de entrar en contacto con el pretendiente escocés, Jacobo VI de Escocia, y arremetió contra sus enemigos, intentando poner en pie un auténtico golpe de Estado contra "la momia Tudor", con vistas a destronarla. Puesta al corriente de la conspiración de su favorito, Elizabeth I (tras un penoso desfile "triunfal" de Essex por las calles de Londres, intentando sublevar al pueblo contra la soberana) mandó prenderle en su residencia y encarcelarle en la Torre de Londres. Tras el episodio nocturno poco edificante de Essex, siguió un juicio por traición y se le sentenció a muerte. Sir Walter Raleigh, en calidad de capitán de la Guardia, estuvo presente en la ejecución capital de su gran rival y peor enemigo, en ese aciago año de 1601, siendo miércoles de ceniza. Antes de poner su cabeza en el tajo, Lord Essex reconoció en Raleigh al verdadero y fiel servidor de la soberana.

    La caída de Raleigh

     
     
     
    El final del reinado de Elizabeth I supone una serie de disgustos para Sir Walter Raleigh. Descubre que su apoderado en Sherborne ha sido desleal y ha actuado en contra de sus intereses. En Irlanda, también se acucian problemas: su mayordomo, un tal Pyne, le había estafado y Sir Walter se vió obligado a vender Munster a Robert Boyle, 1er Conde de Cork, por tan solo 1,500 Libras. Y si había recuperado el favor real y su cargo de capitán de guardias, poco le iba a durar con la llegada del sucesor de su benefactora, el rey Jacobo VI de Escocia.

    El 24 de marzo de 1603, Elizabeth I muere y tres días después, Jacobo VI de Escocia llega a las cercanías de Londres. Raleigh sale al encuentro del nuevo monarca el 25 de abril, en Northampton, con el pretexto de firmar unos papeles. Días más tarde, Raleigh encabeza a la Guardia Real en los funerales de Elizabeth I.

    En mayo de 1603, el rey Jacobo I suprime los monopolios (que tanto habían enriquecido a Raleigh), cesa a Sir Walter en su cargo de capitán de guardias (para darlo a uno de sus favoritos escoceses) y pide que dimita de su cargo de gobernador de la Isla de Jersey. Para compensarlo de tan graves pérdidas, el monarca se limita a entregarle una compensación monetaria de tan solo 300 Libras, una suma irrisoria. Para colmo de males, Sir Walter Raleigh se permite sugerir al rey una línea estratégica en la guerra contra España. Toda una torpeza por su parte... Jacobo I ordena entonces que abandone Londres en quince días y que su residencia de Durham House sea devuelta al obispo.

    Dos meses más tarde, Sir Walter intenta recuperar el favor real haciendo acto de presencia en una cacería real en los bosques de Windsor. Allí, le será notificado por Cecil, que es persona non grata y que ha de personarse ante el Consejo Privado de Su Majestad para dar cuenta de sus actos de supuesta traición. Anonadado, Raleigh descubre que ha sido involucrado en un supuesto complot contra el monarca, cuando en realidad es totalmente inocente de los cargos que se le imputan. Pese a sus protestas, el Consejo Privado decide llevarle a juicio.

    Encontrándose Londres víctima de una epidemia, la corte se traslada al sur, a Winchester y Raleigh es escoltado hasta allí para que explique por qué traicionó al conde de Essex, ejecutado en 1601. El 17 de noviembre de 1603, la gran sala del castillo de Winchester es convertida en sede del tribunal real formado por Sir John Popham, Sir Edmund Anderson, Sandys y Warburton. Raleigh nuncá será puesto al corriente de los detalles de las acusaciones vertidas contra él, pero se sabe que se le imputa el haber conspirado con Lord Cobham (amigo suyo), para elevar al trono de Inglaterra a la prima del rey, Lady Arabella Stuart. Lo cierto es que todo el juicio no es más que una absurda farsa.

    En la llamada "Bye Plot", no se le permitió a Raleigh defenderse conjuntamente con Lord Cobham y tan solo Cecil figura entre los que le defendieron frente a las acusaciones del fiscal Sir Edward Coke. De hecho, Raleigh asumiría su propia defensa en solitario. El tribunal tan solo necesitó 15 minutos para deliberar al término del juicio y emitió el veredicto. Encontraron a Sir Walter Raleigh culpable de los cargos y Popham sentenció que se le condenase a la horca y fuera, posteriormente, descuartizado. Uno de los jueces declaró entonces que el juicio contra Raleigh había sido una farsa, perjudicando y degradando seriamente el sistema judicial británico. Más tarde, Popham admitiría que esperaba no volver a tener que ver un caso semejante. ¿Quizás coaccionaron a Popham para emitir su veredicto?

    Tras oír la sentencia, Raleigh apeló a Cecil, al Consejo Privado y al Rey. Jacobo I, en una grotesca exhibición de real clemencia, exilió a Markham y encarceló a Grey y Cobham, y conmutó la pena de Raleigh en detención perpétua hasta nueva orden en la Torre de Londres.


    El prisionero de la Torre


    Sir Walter Raleigh se vió condenado a pasar 13 años en la segunda planta de la "Bloody Tower" de la fortaleza de la Torre de Londres, siendole asignadas dos habitaciones. Raras veces, Lady Raleigh, su esposa, obtuvo permiso real para visitarle en su celda. De hecho, en esa época fue concebido el segundo hijo de Sir Walter, Carew Raleigh, nacido en 1605 en la misma torre. Éste fallecería años más tarde víctima de la epidemia de peste que asoló Londres, durante el reinado de Carlos II.

    En cuanto a la situación financiera de nuestro protagonista, se puede decir que fue desesperada. Perdió parte de sus bienes y fue obligado a devolver un diamante que la difunta Elizabeth I le había regalado. Sin embargo, el rey Jacobo I tuvo un gesto hacia la esposa de Raleigh: le concedió una pensión.

    Raleigh sería a su vez involucrado en la famosa "Conspiración de la Pólvora" de Guy Fawkes, aún estando entre las paredes de la Torre de Londres.

    Obligado a la inacción, Raleigh dedicó sus días en escribir su famosa "Historia del Mundo", que Jacobo I autorizó publicar, y a recibir mejores atenciones por parte de la reina Ana, quien se mostró favorable a su liberación y a su nominación en calidad de tutor del príncipe Enrique de Gales, heredero del trono, que le apreciaba mucho. Desgraciadamente, el príncipe Enrique, tras nadar en las aguas del Támesis, contrajo fiebres tifoideas y falleció en 1612, cediendo el paso a su incompetente hermano Carlos.

    Mientras Raleigh permanecía encerrado, Jacobo I se entretenía con sus favoritos en la corte. Robert Carr, conde de Somerset, favorito del monarca, se hizo con el castillo de Sherborne pero cayó a su vez en desgracia al descubrirse el crimen cometido por su esposa. Entró entonces en escena el hermoso Sir George Villiers, futuro duque de Buckingham, considerado como el hombre más hermoso de Inglaterra y que acabó siendo el nuevo valido. Pero los problemas financieros de la Corona eran acuciantes y el monarca, siempre necesitado, buscaba el mejor modo de obtener dinero fresco. Se barajó entonces una boda anglo-española, pero al conocerse los términos de las condiciones impuestas por España, representado en Londres por el conde de Gondomar, Jacobo I las juzgó inaceptables e incompatibles con las leyes británicas. Intervino entonces el secretario real Westwood, quien sugirió al rey que se resucitaran los planes colonialistas de Sir Walter Raleigh en el río Orinoco (siempre en busca del oro de "El Dorado").

    La última oportunidad

    Raleigh y Leymis creían que el oro se encontraba precisamente en la unión de los ríos Orinoco y Caroni, pero Topiawari, el jefe indígena de cuya amistad se benefició Raleigh, no tardaría en morir y Berrio, el gobernador español, mandó construir un pequeño fuerte en San Tomás para cortar el paso a los buscadores de oro ingleses. El ministro Cecil envió entonces a Sir Thomas Roe para reconocer el terreno y dar buena cuenta de la situación. A su regreso, Roe aportó grandes conocimientos sobre la región de la Guayana, pero con la firme convicción de que "El Dorado" no era más que un mito. En sus informes de reconocimiento, Roe afirmaba que el fuerte de Santo Tomás era fácil de tomar, por lo que el avance por el Orinoco y el Caroni sería relativamente fácil tras la captura de la plaza española. Desgraciadamente, el gran ministro Cecil falleció en 1612, antes de poner en marcha el proyecto que se estaba gestando. El vehemente anti-español Sir Ralph Winwood, intervino entonces para que el 19 de marzo de 1616, Sir Walter Raleigh fuera liberado de su cárcel y se hiciese cargo de la expedición al Orinoco.

    Se iniciaron entonces los preparativos a lo largo de casi todo un año, en el que Raleigh percibió la suma de 30.000 Libras, y se vió indemnizado con 8.000 Libras por la pérdida de su castillo de Sherborne, más la venta de las fincas Mitcham (pertenecientes a su esposa). En el proyecto demencial iba a participar su hijo mayor, Walter Raleigh, de entonces 22 años de edad. Iba a quemar su último cartucho para salvar la cabeza y el honor, e intentar recuperar todo lo que había perdido. Si fracasaba, lo perdería todo, incluso la vida. ¿Acaso le quedaba alguna opción más? desgraciadamente no.

    Acompañado por un amigo, Anthony Belle, el capitán Faige y por su hijo Walter, Raleigh embarcó irónicamente a bordo del "Destiny", nave comandante de la flota fletada para la expedición a las Américas. El 12 de junio de 1617, salían del puerto de Plymouth haciendo escala en Kinsale, Irlanda, donde fueron agasajados y aprovisionados por Lord Boyle, conde de Cork, a quien Raleigh le había vendido, algunos años antes, sus tierras y castillo de Lismore. El 15 de agosto abandonaban definitivamente las Islas Británicas, pero parece ser que el infortunio se cebaba con ellos. Surgió una diferencia de criterios entre Raleigh y el capitán Bailey, que pretendía aprovechar la expedición para llenarse los bolsillos pirateando: pretendía apoderarse de algunos navíos franceses. Inflexible, Sir Walter le desautorizó y Bailey tomó la decisión de abandonar la expedición y volver a Inglaterra, donde se despachó a gusto, diciendo barbaridades sobre Raleigh. Dicho sea, finalmente la verdad surgió y puso en evidencia las mentiras vertidas por Bailey, quien fue arrestado por orden del Consejo Privado del Rey.

    Raleigh tuvo que repostar en la Isla de La Gomera, en el archipiélago Canario, gracias a la medio-inglesa esposa del gobernador de la isla. De allí pusieron rumbo a Cabo Verde para aprovisionarse de carne fresca. Arribaron a destino tras sufrir un desastroso huracán; el recuento de bajas fue tremendo, entre los cuales se contaba a un amigo y servidor de Raleigh, John Talbot, lo que supuso para él un golpe terriblemente doloroso. En consecuencia, añadiendose el desánimo y la tristeza, Raleigh cayó enfermo y pareció perder la razón.

    El 14 de noviembre, echaron el ancla y Raleigh se citó con su antiguo sirviente Harry, un nativo americano cuyo inglés había desmejorado mucho pero que no escatimó en medios para aprovisionarles con todo lo que les era necesario para proseguir con la expedición. Keymis fue encargado de encabezar la avanzadilla inglesa hasta el fuerte de Santo Tomás, con un nutrido grupo de hombres, mientras Raleigh se quedaba en la retaguardia para repeler cualquier posible ataque español en la desembocadura del Orinoco. Las instrucciones dadas a Keymis eran claras: no atacar a los españoles si éstos no disparaban los primeros. Keymis hizo caso omiso: asedió y tomó el fuerte, asesinando a su gobernador. Advertido por un nativo, Raleigh, furioso, tomó la decisión de remontar el Orinoco y dar con Keymis para ponerle bajo arresto. Al grave incidente se sumó la muerte de su hijo Walter y la deserción de gran parte de sus hombres en medio de la caótica expedición. Keymis, que había sido arrestado, se suicidó y Raleigh intentó reagrupar a los hombres desperdigados, pero el asunto empeoró cuando los capitanes Whitney y Wallaston desertaron, abandonándole a su suerte. Ante semejante fracaso, Raleigh no tuvo otra opción que la de poner rumbo a Inglaterra y desembarcar en Plymouth, donde fue inmediatamente arrestado por su primo Sir Lewis Stukeley.


    Raleigh en el patíbulo


    De nuevo en Inglaterra y bajo arresto, Raleigh fue llevado bajo escolta hasta Londres, donde debía justificar y explicar ante el rey el fracaso de su expedición. Se dice que barajó la idea de refugiarse en Francia para eludir los esperados problemas que le esperaban en Inglaterra, pero Raleigh creyó oportuno y que era su deber, como cualquier hombre de honor, enfrentarse a la situación y asumir las consecuencias. A todas luces, Raleigh planeó escapar pero fue traicionado por sus sirvientes y por su primo Sir Lewis Stukeley, quien se encargó de escoltarlo hasta la capital y, el 10 de agosto, volvía a cruzar la puerta de la Torre una vez más.

    Stukeley, quizás preso de remordimientos, falleció loco en la Isla de Lundy poco después.

    El 15 de octubre, el rey Jacobo I recibió una carta del rey de España, que pedía que Raleigh fuese entregado para ser posteriormente ejecutado en Madrid. La negativa inglesa a entregar a Raleigh, no iba a salvar a nuestro protagonista de ser nuevamente juzgado. Por segunda vez, fue Sir Edward Coke, fiscal General, quien se encargó de confeccionar las acusaciones contra Raleigh, a quien ya declaraba civilmente muerto. Por segunda vez, Sir Walter Raleigh asumía su propia defensa, pero en el fondo sabía que todo estaba perdido. El 28 de octubre fue llevado desde la Torre hasta Westminster Hall, para celebrar su juicio; los jueces encontraron ante ellos a un hombre destrozado y agotado. El Lord Jefe de Justicia le explicó que su traición no había sido perdonada, diciendo que pese a haber sido un hombre valiente, fiel y buen cristiano, su muerte estaba irremediablemente sellada.


    Condenado a muerte, Raleigh pasó la última noche en la abadía de Westminster dónde recibió por última vez a su esposa y la visita de su amigo y antiguo vecino Charles Thynne de Longleat Hall (vecino de Sherborne Castle, propietario de la mansión de Longleat Hall, en Dorset). Recibió asistencia espiritual de Fussy Dean Tomson, tomó un copioso desayuno, fumó su pipa (era un empedernido fumador de tabaco, hábito públicamente condenado por Jacobo I) y se preparó para pasar su último día de vida, revistiendo sus mejor traje: de satén, seda y tafetán, con una capa negra de terciopelo negro bordada de oro. Llevado al cadalso, entonó su último discurso y se deshizo de su capa para arrodillarse ante el tajo, diciendo al verdugo: -"Golpea hombre, golpea!"

    Un certero golpe de espada despegó su cabeza del cuerpo y fue mostrada al público que allí se había reunido, en la plaza del palacio de Westminster.

    Al atardecer, Lady Raleigh (Elizabeth Throckmorton), se hizo con la cabeza de su difunto marido y la guardó en una bolsa de cuero, que siempre llevó consigo hasta su muerte. Ocasionalmente la enseñaba a los admiradores de Sir Walter, puesta en una bandeja.

    El cuerpo decapitado de Raleigh fue sepultado en la capilla de Santa Margarita, en la abadía de Westminster, al sur del altar, donde aún sigue descansando.
     


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  • 09/18/15--13:20: Cita de la Semana


  • "La virtud consiste en evitar el escándalo y las enfermedades venéreas."

    Frase de: Sir Robert Cecil, 1er. Conde de Salisbury, 1er. Vizconde Cranborne, K.G. (1565-1618), Primer Secretario de Estado, Consejero Privado de la Reina, Lord Tesorero de Inglaterra.


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  • 09/20/15--09:03: CURIOSIDADES -187-
  • "Padre y familia, pero solo de nombre"



    Cuando el 31 de marzo de 1751 falleció Federico Luis de Hannover, Príncipe de Gales, primogénito y presunto heredero del trono británico, su propio padre el rey Jorge II de Gran-Bretaña (1683-1760), con el que siempre había tenido muy mala relación desde su llegada a Londres, escribió:

    "Acabo de perder a mi hijo primogénito, pero me alegro de ello."


    Pero la alegría por esa defunción en el seno de la familia real británica, rebasó los límites de la decencia y se hizo, si cabe, aún más repulsiva a ojos de los ingleses. No solo la propia madre del fallecido, la también finada reina Carolina de Brandenburg-Ansbach (1737), había en su día mostrado repulsión por el fruto de su vientre con palabras crueles, sino que los demás miembros también hicieron ostentación de su gran satisfacción. Los príncipes y princesas se mostraron, en los funerales de su hermano, con el semblante más sonriente que jamás había visto el público londinense.

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  • 09/23/15--03:14: CURIOSIDADES -188-
  • "Prescripción Médica"



    Cuando el político británico Sir Winston Spencer Churchill (1874-1965) tuvo que ir a Estados Unidos en 1932, como hombre precavido, tomó las medidas pertinentes para no tener problemas legales. Dada su afición al alcohol y que en EE.UU. imperaba la prohibición (Ley Seca), recurrió a su médico para que le recetara "para su salud" el consumo diario mínimo de 250 ml. de alcohol y así lo hiciera constar oficialmente.

     

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  • 09/23/15--12:25: CURIOSIDADES -189-
  • "Reina Activa y Cazadora"



    Desde joven, la que sería reinaElizabeth I de Inglaterra (1533-1603), fue una mujer enérgica, diestra amazona amante de las largas cabalgatas al aire libre y de las cacerías. Ya siendo soberana y entrada en años, sus médicos le aconsejaron que moderase sus ímpetus a la hora de hacer ejercicios tan violentos, temiendo que sus imprudencias acabasen en una accidental caída mortal. Desoyendo los temores expresados por los doctores, continuó con sus carreras a caballo y sus cacerías como una auténtica Diana cazadora. De hecho, y pasando el tiempo, llegó a sobrevivirlos a todos. Señalada es la anécdota en que, ya con 67 años (una edad muy avanzada para la época), Elizabeth I cazó un gran ciervo con su pesada ballesta! 

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