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BARBARA HUTTON: Millonaria e infeliz


BARBARA WOOLWORTH HUTTON
1912 - 1979
 
 


Pobre Pequeña Niña Rica...



Barbara Woolworth Hutton es una de esas mujeres que marcó con su inmensa fortuna y su desgraciada vida sentimental, la crónica de la "High Society" cosmopolita del siglo XX, convirtiéndose a su muerte en una de las "Divas" míticas.

Nacida el 14 de noviembre de 1912 en Nueva York, Barbara Woolworth Hutton era hija de una de las tres herederas más ricas de EE.UU., Edna Woolworth, y de un afortunado broker de Wall Street, Franklyn Hutton. Por su madre era nieta del magnate neoyorkino Frank Winfield Woolworth, el empresario más rico de América y dueño de los almacenes Winfield & Woolworth.


 
Retrato juvenil de Barbara Woolworth Hutton, según Sir Oswald Birley.


En 1916, Edna Woolworth Hutton se suicida dejando huérfana a su única hija de 4 años de edad, y la prensa estadounidense, desde entonces, calificará a la pequeña Barbara de "pobre pequeña niña rica". A partir del trágico suceso, Barbara pasará una triste infancia y una difícil adolescencia, acusando los celos y maldades de sus "compañeras de juego" que envidian su posición y fortuna.



A sus 21 años cumplidos, Barbara Woolworth Hutton (1933) hereda de su difunta madre la friolera suma de 150.000.000 $, convirtiéndola en la mujer más rica del mundo. Pero esa inmensa fortuna no le proporciona la imprescindible y necesaria estabilidad emocional; de hecho su soledad es absoluta y su vida no está poblada con gente desinteresada y sincera. Su fortuna personal suscita admiraciones, envidias insanas y, sobre todo, atrae a falsas amistades y pretendientes que pretenden sacar partido y beneficios de Barbara. En contraste con su rica vida social, esta mujer se encuentra sola y vacía. Todo lo que le puede proporcionar su fortuna en el lado material, se lo quita en el aspecto emocional y sentimental. Es, en suma, una desgraciada heredera, la "pobre pequeña niña rica" de los titulares de prensa. Sus estados de ánimo rozan la depresión crónica y, por ello, abraza el aspecto más negativo y perjudicial de la vida: se convierte en una adicta de las drogas y del alcohol para maquillar su soledad en la cumbre. No tiene verdaderos amigos, los compra como quien compra una joya o un abrigo de pieles con el fin de amueblar su abismal vacuidad. Preocupada, obsesionada por su aspecto físico, siempre en pos de superar los cánones de la belleza femenina, se convierte en una anoréxica. Además de coleccionar fabulosas joyas, lujosas mansiones y carísimos coches, desfilan en su vida nada menos que 7 maridos. La mayoría de éstos proceden de la vieja aristocracia europea. Lo que no le da su dinero, que es un título nobiliario, lo consigue con sus sucesivos matrimonios con:

-el Príncipe Alexis Mdivani

-el Conde Kurt von Haugwitz-Hardenberg-Reventlow

-el actor Cary Grant

-el Príncipe Igor Trubetzkoy

-el diplomático y dandy Porfirio Rubirosa, embajador de Santo-Domingo

-el Barón Gottfried von Cramm

-el Príncipe Pierre Raymond Doan, ....




Divorciada de su marido el conde germano-danés Kurt von Haugwitz-Hardenberg-Reventlow en 1939, al estallar la IIª Guerra Mundial, se casó con el actor estadounidense Cary Grant, célebre galán de Hollywood (con fama de rácano, pero honesto y recto) en 1942. En 1945, regaló al Gobierno de EE.UU. su lujosa mansión londinense de Hyde Park, Winfield House, que se convertiría en la sede de la nueva embajada estadounidense en Londres. Pero la excentricidad y derroche de Barbara acabará por minar un matrimonio que le habría sido muy beneficioso emocionalmente. Ya de su 2º matrimonio, había tenido un hijo (Lance) del cual nunca se preocupó realmente; éste se mataría en un trágico accidente de aviación al estrellarse con su avión y con solo 36 años. La pérdida de su hijo la sumió en una espiral destructiva de drogodependencia, alcoholismo y anorexia. Casi siempre ebria, regalaba sus joyas a amigos y desconocidos, repartía cheques al portador, montaba increíbles fiestas y viajaba para huir de si misma, malgastando su fortuna y su vida. Sus siete matrimonios fueron sonoros fracasos, uno tras otro, y lo peor es que sus onerosos divorcios acabaron por llevarla a la bancarrota.



Arruinada, enferma y recluída en su habitación de hotel de Los Angeles (California), abandonada por sus "amigos" de horas felices, Barbara Woolworth Hutton se dejó morir en la más absoluta desidia, acechada por "cuervos" y "carroñeros". Su única alegría la tuvo con el actor Cary Grant quien, preocupado por su situación, estuvo con ella hasta el final en un intento por reconfortarla.

Barbara Hutton fallecería de un infarto el 11 de mayo de 1979, a sus 66 años. De su inmensa fortuna solo quedaban 3.500 $ en la cuenta corriente, y 100 $ en su monedero.

Cary Grant fue el único ex-marido de Barbara Hutton que no reclamó parte del poco dinero que legaba. Los demás se ensarzaron en pleitos judiciales para hacerse con un miserable puñado de dólares, y las joyas que aún conservaba en su caja fuerte.


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